Mi experiencia con el homeschooling

La siguiente es una contribución de una mamá recibida a través de nuestro grupo de Facebook. Agradecemos estos testimonios pues sirven a muchas familias para darles tranquilidad, para darse cuenta de que no hay una única manera de hacer las cosas, que si nos permitimos observar a los hijos, respetarlos en sus tiempos e intereses, la educación en casa se disfruta y se aprovecha más.

 

Minecraft. Un videojuego de mundo abierto (no hay un objetivo específico, permitiéndole al jugador elegir sus propias metas) en el que se encuentran chicos de todo el mundo para construir, competir o simplemente trollearse unos a otros.

Mi hijo hizo escuela en casa un par de años, entre otras cosas, porque su papá renunció a la empresa y como estamos separados y es una persona increíble, nos pareció la oportunidad para que pudieran compartir vida y aprender juntos. Para mí, fue difícil aceptar que la mayor parte del día en escuela en casa, mi hijo se la pasaba jugando Minecraft hasta altas horas de la noche. Dormía todo lo que le placía en la mañana volviéndose un niño nocturno. Aveces salían a pasear, veían películas, jugaban, cocinaban juntos.. todo menos estudiar materias de la escuela. Y Santi horas y horas en minecraft. Eso sí, la relación de ellos era espectacular, la obediencia cariño y respeto al papá crecían, mientras conmigo era otra historia. Policía malo y policía bueno, yo pensaba.. y claro, yo era el policía malo.. que papel tan aburrido. Sin embargo, notaba que Santiago se veía más contento, más seguro! Pero era de esperarse: antes vivía solo conmigo, yo salía a trabajar temprano y llegaba tarde en la noche porque lo metí en un colegio en una vereda de Chía, nos fuimos a viví muy cerca de allí y yo seguía trabajando en Bogotá. Ahora vivíamos en Bogotá, el papá vivía con nosotros, no iba al colegio, jugaba en el computador y dormía todo lo que quería.. eso sí, obedeciendo al papa como si fuera ley. Yo me ponía contenta de ver a Santiago tan bien pero me angustiaba que no me hiciera caso, solo le hiciera caso al papá y no estuviera aprendiendo los temas del colegio. Ahora sé que se venía un proceso que hasta ahora entiendo y más adelante les contaré, en el que reconocería el cambio que yo debía dar para que me hiciera caso y no peleáramos tanto: cuando renuncié a la empresa y fui en búsqueda de mí misma, en donde obviamente también encontré a mi niño bello, perfecto y feliz.

El asunto es que poco a poco, asistiendo a foros de homeschooling e investigando, el papá y yo fuimos comunicándonos las expectativas que teníamos de este proyecto que emprendimos de escuela en casa: yo esperaba que tuvieran un horario para estudiar las materias del año que debería estar cursando. Y es que probablemente habría ocurrido así si yo hubiera sido la que renunciara a la empresa en ese momento, claro está, seguramente con muchas peleas, regaños y situaciones desagradables, porque, con el tiempo, descubrí que la importancia que le daba a eso era debido a lo que mi familia, los expertos y demás personas creían importante, pero no a lo que Santi, su papá ni yo buscábamos en el fondo. Yo solo intentaba “hacer las cosas bien” sabiendo que me salía de la ruta convencional de educación. Aparte que sabía de historias de padres demandados por sus familiares por haber sacado del colegio a sus hijos! Yo tenía miedo también y esos miedos e inseguridades los transmitía al resto de mi familia y entorpecían mis acciones impregnándolas de angustia, impaciencia, desespero, lo cual producía continuas confrontaciones con Santiago.

Por qué cuento esta historia ahora? A casi cuatro años y medio de haber iniciado esta experiencia y a dos años y medio de haber reincorporado a mi hijo a la escuela tradicional? Porque Santi tiene 13 años, es una persona sana, maravillosa, es ingenioso, inteligente, no solo para entender temas académicos, sino también para entender asuntos de la vida como individuos y sociedad, y sobre todo, es él, lo conozco, disfruto, admiro y respeto cada vez más. Alguien me dijo un día que con la educación de los niños uno no podía hablar de éxito. Nunca estuve completamente de acuerdo aún cuando lo entiendo. Porque hasta donde lo veo, aunque el éxito en la formación o la vida de una persona es muy relativo y digamos que podría ser determinado, si fuera el caso, solo hasta el final de la existencia de esa persona, si podemos identificar sentirnos orgullosos y felices de lo que se ha hecho. Y eso es lo que siento con mi hijo.

Lo que descubrí es que la tarea que en el fondo quería hacer con el homeschooling era mejorar mi relación con Santi; también, aplicar una escuela sin temarios, aprendiendo de las experiencias diarias, con las que, si uno está presente, atento y dispuesto, puede aprender y enseñar más cosas de las que imagina: si uno acompaña un niño para resolver sus preguntas y dejarse llevar por ellas hasta la profundidad de los temas, incluso si eso implica ir a investigar algo para darles respuestas completas que los dejen satisfechos, es mucho lo que uno les enseña y sobre todo también es mucho lo que uno aprende. Pero claro, para eso hay que estar en el presente, dar importancia a sus pensamientos y dudas y no andar solo con nuestros propios asuntos inundando nuestra cabeza, y sobre todo, tener la tranquilidad y paciencia para dedicar en ello el tiempo que requiera. Y eso es lo más difícil! Sobre todo estando todo el día en una oficina y llegando cansados a casa, circunstancia común en la que siempre es mejor desplazar todo eso a terceros en un colegio. A propósito, hago un paréntesis: cuando trabajaba en la empresa, pagaba a una señora para que arreglara mi casa y creo que pasaba más tiempo allí que yo misma; pagaba a otra para que paseara y cuidara mis perros y creo que pasaba más tiempo con ellos que yo!; pagaba a un colegio y a una profesora para que enseñaran a mi hijo y lo cuidaran mientras yo llegaba del trabajo y obviamente también compartían más con ellos que conmigo. Este ritmo de vida es algo loco si uno se detiene a pensarlo.

Pero bueno, retomando el hilo, quiero darles un ejemplo de mis descubrimientos sobre homeschooling. Luego de entender lo que debía hacer (estar más presente, atenta y disponible para mi hijo), iniciaba la parte más dura que era actuar en concordancia a ello. Aquí solo uno de los casos: Cuando Santi comenzó a jugar Minecraft, yo lo vi desde los prejuicios y peligros que repiten todos sobre los videojuegos así que empecé a preocuparme, como todos los papás, tratando solamente de “despegarlo del computador”, disgustándome día a día por ello. Un día el papá me preguntó si yo sabía de qué trataba el juego y antes de contestar, recordé que él si se sentaba con el niño en el computador por horas, ayudándole a configurarlo o solo acompañándolo a jugar; con algo de pena reconocí que solo tenía una leve idea. Entonces un buen día me senté con santi en el computador (lo cual le alegró enormemente!) y descubrí que hacen minería, extraen materiales que existen en la vida real, los combinan por medio de fórmulas precisas para hacer objetos como picas, hornos donde pueden luego cocinar, camas, canoas, armaduras, espadas y algo que a santi le encanta, edificaciones enormes que con orgullo me mostraba. En medio del juego surgieron muchas preguntas que traté de atender, sobre todo para conversar en inglés con otros niños en el chat del juego. Aprendió sobre configuración de servidores, trucos de redes y computadores, un inglés suficiente para conversar con bastante vocabulario, se relacionó con niños de varios países conociendo sus rutinas, problemas, humor. Por mi parte reconozco que a veces es un esfuerzo salirme de mis actividades y entrar a las suyas, pero luego de hacerlo empecé a ver que él hace el mismo esfuerzo para entrar en las mías y que cada vez el esfuerzo es menor y se vuelve más natural. Él me pregunta por mis proyectos y yo por sus juegos como temas igualmente importantes. Es que en verdad de eso se tratan las relaciones humanas: poder salir de nuestras cosas para entrar por un rato en las de los otros aunque aveces eso nos incomode un poco, porque a los adultos se nos hace difícil hacer actividades de niños y ancianos, a las mujeres hacer actividades de hombres, a los hombres de mujeres, a la gente adinerada hacer cosas de pobres y así…

Así es que ahora, además de los juegos, es YouTube con sus cantidades de contenidos. Cuando vemos las noticias juntos y el opina citando documentales que ha visto sobre la dictadura en Corea del norte, sobre el calentamiento global, sobre magia y espiritualidad.. a veces me llama para que los veamos juntos. He venido trabajando en aumentar mi disponibilidad e interés en ello, cosa que logro liberando mi cabeza de lo que tengo o él tiene que hacer y ubicándome en ese presente para compartir con él, porque ese acto es simplemente determinante. Por otra parte, ya no hay afán para que “haga caso”, porque trabajamos en el entendimiento de colaborarnos y de colaborar con quien esté en donde esté. Liberar esa connotación autoritaria y desesperada que ha tenido el mando hacia una autoridad basada en la confianza que evoca el adulto al niño, padre o madre que lo acompaña y cuida, con quien comparte y disfruta, se logra prestando la misma atención y seriedad en sus cosas, como les pedimos que tengan sobre las nuestras exigencias.

Qué quiero para mi hijo, qué debo o no enseñarle, cómo quiero o no que sea, qué quiero o no que haga? Cómo arreglar sus defectos? Quiero un excelente deportista, músico, científico?. Amo a mi hijo y además de eso, realmente me agrada como es, me cae bien! A pesar de eso, a veces reconozco con resignación a los demás que soy “mala madre” porque no tengo ni idea de las respuestas a esas preguntas! Elegir lo que debe saber, como se le debe enseñar, hacer seguimiento para comprobar que lo haya aprendido, que haga caso, son cosas que la verdad, me quedan grandes porque no he podido más que trabajar en mi para lograr compartir momentos juntos, jugar, reír, aburrirnos, discutir, reconocernos, es decir, lo que hacen dos humanos que la vida reúne, enlaza, encuentra. Quizá ahora estemos listos para dar el paso hacia esas otras cosas.

Finalmente , les cuento que descubrí que las pretensiones al desescolarizar un hijo, son muchas y deberían ser de libre elección, siempre que se tomen con responsabilidad y buena intención por parte de los padres, no desde el miedo sino desde el amor. Descubrí que en mi caso, porque cada quien tiene un proceso diferente o está en una etapa diferente del proceso, el trabajo, más que con el niño, ha sido conmigo misma, para poder conquistar una vida que me haga feliz, llena de sentido y tranquilidad, para poder así relacionarme y compartir verdaderamente con esa persona en formación que está a mi cargo. Como padres, lograr ser esos seres que lo hagan sentir seguro mientras halla dentro de sí la fuente de esa seguridad.

Y bueno, gracias por leer, por comentar sus opiniones y a todos deseo mucha suerte y coraje para asumir esta noble tarea de tomar las riendas de la formación de nuestros hijos.

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