¡Feliz Cumpleaños Martín!

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Por Sandra López

Hace un poco más de seis años tomé la decisión de ser una madre 24/7.
Una madre que se dedicaría a guiar, educar, formar, de acuerdo a mi criterio, al ser que crecía dentro de mí…
Y han sido seis años llenos de gratificación, de dudas, de incertidumbre, de preguntarme a diario si lo estoy haciendo bien, si “debería” ser de esta o de aquella otra manera. Han sido seis años de replantear mi labor profesional y poner a marchar otras habilidades para que la vida fluya. Han sido seis años de desequilibrio económico, de búsquedas, de aciertos, de angustias, de satisfacciones.
Hace unos tres años, alguien muy cercano, hablando de familia e hijos, me comentó que le parecía terrible que la vida se acabara con la maternidad/(paternidad). Y en estos años, muchos han sido los que han preguntado: “¿y su vida qué?
Y esa idea de que mi vida llegó hasta ahí, desde mi propia experiencia, es totalmente errada. No sólo porque me parece egoísta, sino porque limita la posibilidad de ser «algo más» que una madre. “Si estás dedicada a tu hijo, no eres “más” que una madre…”
Esa «negociación» no ha sido fácil. No ha sido fácil negociar mi tiempo, mi profesión, mi “desarrollo” y crecimiento laboral. Y me atrevo a decir que lo más duro en este proceso ha sido el tema económico. No más. Pues es mucho más fácil ganar un salario fijo, con un horario determinado, pagando con ese dinero a otros que se encarguen del cuidado de mi hijo. Eso suena cómodo y fácil y quizás lo sea. Sin embargo, el reto ha sido otro. Aprender lo que sea necesario para mantener el hogar que somos mi hijo y yo; mezclar mis horarios laborales con mi tiempo de ser madre; darle el tiempo que él necesita y no el que me sobra; correr, cuadrar horarios, atender pacientes, preparar sus platos favoritos, aprender con él matemáticas, geografía, historia, biología, leer cuentos a cualquier hora del día, comer de pie, saltar charcos (es un plan inigualable), seguir corriendo, hacer cuadros, muñecos, coser, analizar textos, dictar seminarios y cursos, vender mis productos y servicios, sobrevivir…
Es cierto, yo elegí un camino diferente. Un camino que no evalúa socialmente a mi hijo en sus logros académicos, ni a mí en los laborales. Y nuestro reto entonces es el de evaluarnos a diario. Nuestro reto es superar nuestros propios retos. Es avanzar cada día. Es aprender juntos. Para mí, un reaprender, un encontrarme con saberes de la infancia y revivirlos con él; encontrar nuevas formas de aprender; disfrutar de la lectura, el juego, la casa, el trabajo. Compartir con él mi opción de trabajar distinto para darle el tiempo que creo, merece de mí.
Parte de mi argumento es que soy yo quien no desea perderse verlo crecer y compartir con él ese maravilloso proceso del descubrir y aprender. Con él he aprendido a ser más pausada. A disfrutar cada segundo. A ver lo más bonito de cada ser humano. A ser más empática. Han sido los mejores seis años de mi vida, porque he descubierto ese amor sin condiciones, ese amor que desea crecimiento y libertad. Ese amor sin exigencia. Martin ha sido mi mayor maestro. No dudo que llegó a mi vida para hacer de mi alguien mejor.
A los que me preguntan si mi vida es Martin puedo contestarles que él hace parte de lo mejor que me ha pasado. Que es lo más importante que hay en ella. Que mi vida es aún más maravillosa porque Martín hace parte de ella. Que mi vida no terminó por haberme convertido en madre y haber decidido hacer lo que hago; más bien empecé una vida diferente, con otro sentido, con otra consciencia, con otra mirada. Que gracias a él y a su existencia, he podido redescubrirme, medirme, valorarme, saberme distinta.
Gracias infinitas al universo, a Dios, a la vida por haberme regalado a un ser tan especial. Gracias a Dios por haber puesto en mi vientre a un ser maravilloso y haberme permitido darle mi tiempo, mi amor, mi conciencia, mis errores, mis aciertos. Seis años de los que no me arrepiento. Seis años de las más duras confrontaciones personales. Seis años de muchas preguntas sin respuesta. Seis años de verme reflejada en sus palabras, en sus gestos, en sus caricias.
Gracias Martin por haberme elegido como tu madre. Por haber decidido llegar aquí y enseñarme tantas cosas. Por mostrarme nuevas formas de habitar el mundo. Gracias hijo por ser quien eres. Ese ser lleno de luz y amor que alegra el corazón de quien te conoce. Felices seis años. Y que sean muchos, muchísimos más. Te amo infinito.

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